El conocimiento como principal factor de desigualdad – Rodrigo Arocena

“El conocimiento es cada vez más el principal factor de desigualdad”.
Dr. Rodrigo Arocena
Rector UDELAR
Empecemos por mirar desde la ética al mundo de hoy. Cuando uno mira al mundo de hoy lo que ve, al menos lo que yo veo, fundamentalmente es subdesarrollo y desigualdad. Esas son las dos
grandes cosas que veo en un mundo que no podría ser de esta manera, tendría que ser de otra forma. Pues bien, si hablamos de subdesarrollo, y lo queremos ver desde la ética, hay que decir a
qué le llamamos lo contrario del subdesarrollo, a qué le llamamos desarrollo. Desarrollo tiene que ser muchas cosas, pero sobre todo tiene que ser un compromiso ético. Bien propusieron empezar
a hablar de la ética. Pensemos al desarrollo como el conjunto de tareas destinadas a expandir las capacidades y las libertades individuales y colectivas para vivir vidas que valgan la pena pero
pensando a la gente no como pacientes, como a menudo se le ha pensado en términos de desarrollo, sino como agentes. La idea ética y también la idea fuerza de la política para el desarrollo, expandir las libertades individuales y colectivas, haciendo todo lo posible para que las personas sean agentes y no pacientes. En el fondo, no es sino volver a decir en el siglo XXI lo que las viejas consignas de libertad, igualdad y fraternidad o solidaridad.
Ahora, cuando uno mira desde esa ética al mundo de hoy, ¿qué es lo que más impresiona? Lo que impresiona es que emerge una sociedad de tipo claramente capitalista cuyo principal factor de
poder es el conocimiento. El conocimiento, que abre tantas posibilidades para mejorar la vida de la gente, es también el principal factor de base para las relaciones de poder, económicas,
militares, por supuesto políticas, y aun ideológicas. Esa sociedad capitalista del conocimiento tiene su lugar, tiene su escenario, en países centrales; los países periféricos sufrimos la doble
dominación de tener muy poca base de conocimiento pero estar insertos en relaciones mundiales de tipo capitalista. Y dentro de cada uno de nuestros países, al igual que está la Internacional, el
conocimiento es cada vez más el principal factor de desigualdad. Estudien ustedes cómo evolucionan los ingresos, estudien ustedes cómo evolucionan las posibilidades de vida, estudien
ustedes lo que les parezca y van a ver cómo cada vez más hay dos grandes factores de diferenciación en el mundo: entre regiones, aquellas regiones donde se puede aprovechar el
conocimiento, donde la mayoría de la gente accede a la educación superior y donde se usa el conocimiento para mejorar las condiciones de vida, esos son los centros, los centros dominantes
de la sociedad global y estamos las periferias, donde eso no pasa; pero dentro de cada sociedad, las nuestras también, algunos tenemos el privilegio de acceder la educación avanzada, de
culminar la educación avanzada, de trabajar en lo que nos gusta, seguir aprendiendo toda la vida y todavía que nos paguen por ello y la enorme mayoría de nuestros compatriotas no tiene esa
situación. Entonces las divisorias ligadas al conocimiento son los principales problemas de hoy para quienes tengan una definición ética como seguramente la que compartimos todos los que
estamos acá en torno a libertad, igualdad y solidaridad.
Por consiguiente, el problema número uno de nuestro tiempo es la democratización del conocimiento. El conocimiento va a seguir siendo factor de poder, de desigualdad, de diferencia, o vamos a poder pelear contra eso. Y entonces, como siempre cuando uno tiene que encarar uturos diferentes, difíciles, desafiantes, tiene que ir a lo nuevo desde lo mejor de la tradición y por consiguiente, en la búsqueda de un planteo ético, retrocedamos a lo mejor de nuestra tradición
que incorpora a la reforma universitaria latinoamericana ¿Qué es lo que hoy leemos como gran esfuerzo sintetizador de la reforma Universitaria que hace 100 años, compañeros y compañeras,
desde la Patagonia al Río Grande, se propusieron? Yo diría, una vez más, que la síntesis de la reforma era democratizar la universidad para que la universidad colabore a democratizar la
sociedad. Desde esa perspectiva de la tradición de la reforma hay que enfatizar tres valores que, me parece a mí, siguen vigentes: en primer lugar, la idea de co-gobierno democrático, la idea de
lugar donde se aprende a ser ciudadano, a discutir, a discrepar, a conversar, a juntar energías, a armar proyectos conjuntos. En un mundo sacudido en donde hay realmente poco tiempo para
aprender a ser ciudadanos, no hay como el co-gobierno democrático potencialmente para ello. No hay como el co-gobierno democrático como vacuna contra tentación jerárquica que la academia tiene siempre adentro. Al mismo tiempo, junto al co-gobierno democrático la autonomía, pero autonomía y co-gobierno juntas porque la autonomía sola en la tradición universitaria ha sido muchas veces la torre de marfil, el lugar donde los veteranos académicos nos
instalamos para mirar desde lejos a la sociedad, decirle lo que tiene que hacer y quedarnos tranquilos en nuestra torre. Autonomía conectada con la sociedad y eso, la garantía no segura porque a veces hemos fallado, pero única posible, es el co-gobierno democrático que nos saca de nuestra torre de marfil. Co-gobierno democrático, autonomía conectada y compromiso social:
compañeros y compañeras, con los enormes problemas y carencias que tienen nuestras universidades, que sería absurdo tratar de ignorar, las universidades hijas de la Reforma tienen
una tradición que es inusual en el mundo, y es la vocación social. De eso hay ejemplos en el mundo, pero idea de universidad, ideal de universidad socialmente comprometido, eso es lo mejor de la tradición de la reforma y desde allí tenemos que encarar los problemas de hoy.
Paso a la segunda parte de esta intervención, la que tiene que ver con la educación. Por consiguiente, que nadie lea en lo que yo voy a decir el intento de explicar lo que hay que hacer. No: simplemente es mencionar alguna de las peleas que estamos tratando de dar dentro de la Universidad de la República.
Pero para ello, necesitamos enseñar de maneras nuevas y a los veteranos docentes nos cuesta mucho. Para que la mayoría de la gente pueda acceder a la enseñanza terciaria y universitaria, no
podemos seguir enseñándoles a todos de la misma manera porque tenemos estudiantes que provienen de una heterogeneidad social y de formaciones previas inmensas. Si realmente nos
tomamos en serio, más allá de la consigna, lo de generalizar la enseñanza avanzada y permanente, entonces tenemos que diversificar nuestras modalidades de enseñanza, y eso es la
primera cosa que estamos tratando de hacer desde hace ya muchos años en nuestra institución.
Déjenme decir dos apuntecitos respecto a eso. ¿A qué apelamos? A muchas cosas, pero apelamos a dos ideas fuerza. La primera, la vieja idea de enseñanza activa. Lo único que se puede aprender de manera definitiva es a seguir aprendiendo, así que si yo trabajo con el grupo
de compañeros que está allí lo que realmente tengo que proponerme como objetivo no es enseñarle tal teorema o tal tradición sociológica o tal nueva variante de la biología celular, lo que
tengo que lograr por sobre todas las cosas es que ellos mismos lleguen a tener confianza en su capacidad de seguir aprendiendo. Eso se llama enseñanza activa, tiene 2500 años de existencia
pero cada uno, cada grupo, cada generación, tiene que redescubrirlo y para eso hay que enseñar de maneras diferentes a gente que esté en situaciones diferentes. Podría dar varios ejemplos de
qué hacemos en ello, sólo voy a mencionar uno. Lo que más nos gusta porque nos parece que es a la vez pensar la enseñanza activa desde la solidaridad es la idea de los tutores estudiantiles, la
idea de los compañeros y compañeras que ya tienen experiencia universitaria y van a acompañar desde antes del ingreso a la universidad a los jóvenes, a menudo desorientados, que se acercan
a nuestra institución. Uno tiene que cada tanto darse un gusto. Los gustos más grandes que yo tengo en este empleo que ahora me toca es cuando me encuentro, en un determinado comienzo
de clase, con un muchacho o una muchacha que conocí cuatro años antes totalmente desorientado en esa institución a menudo inhóspita que es una universidad y que ahora es tutor o tutora de las nuevas generaciones y está ayudando a otros y sabe orientarlos y les da una mano, les habla en sus códigos, es solidario, trabaja para que todos sean agentes y no pacientes de la educación.
Necesitamos pensar en nuevas formas de acceso a la educación superior. Tiene que seguir accediendo una proporción cada vez más grande de la gente que termina la enseñanza media. Y
a ellos y a otros tenemos que diversificarle la forma de enseñanza porque si no vamos a perder la batalla contra –no sé cuál es el principal enemigo de ustedes, sé cuál es el principal enemigo
nuestro- el principal enemigo nuestro: la desvinculación de nuestros estudiantes, la cantidad de nuestros compañeros y compañeras que quedan por el camino y a los que cometemos el pecado
de no haber logrado realmente mantenerlos en la universidad. Hay que buscar mil y una maneras para que ello no siga siendo el gran problema de la universidad pública, y para eso hay que
modificar modalidades de la enseñanza y formas de acceso a la enseñanza. ¿Por qué un trabajador de 40 años con importante experiencia laboral pero que le faltan dos materias de la
enseñanza media no puede entrar a la universidad? Nosotros estamos dando una pelea dura, conceptual y cultural dentro de nuestra institución para abrir eso también. Si realmente queremos
democratizar el conocimiento, entonces tendría que poderse acceder con formación adecuada -no se trata de venderle espejitos a nadie- debería poderse acceder desde distintas trayectorias, a edades, desde distintas inserciones sociales.
En la perspectiva de la reforma queremos vincular naturalmente enseñanza e investigación. No les voy a decir a ustedes por qué, lo saben demasiado bien. Déjenme sí señalar algo que está
apareciendo como una nueva línea en materia de políticas de investigación universitaria para el desarrollo, para lo que queremos, ¿verdad? Es la vinculación entre investigación e innovación por
un lado e inclusión social por otro. Estamos tratando, entre las cosas que luchamos por hacer vamos en las Terceras Jornadas de Investigación e Innovación Orientadas a la Inclusión Social.
Grosso modo, muy grosso modo, ¿de qué se trata eso? De reunir a los más variados actores sociales, responsables público e investigadores para qué problemas relevantes de la sociedad podemos, con modestia, ayudar a resolver. Eso implica dialogar entre gente diferente y buscar comprenderse entre personas distintas. No se trata de ponerle al investigador las cosas para que
el investigador les resuelva a los otros el problema. Se trata de dialogar entre diferentes. Las Terceras Jornadas para esto las inauguró el Presidente de la República y cuando terminamos de
contarle lo que estábamos tratando de hacer, el Presidente que tiene un gracejo especial para encontrar ciertas fórmulas, nos dijo “¡Ah! ¿Ustedes quieren ser luchadores sociales del conocimiento?” Eso, eso es lo que queremos ser. Aeso le llamamos “investigación vinculada a la inclusión social”.
Compañeros hablaban recién de la curricularización de la extensión. Después de tres años de discusión, a fines de 2009, la Universidad de la República decidió curricularizar la extensión o, mejor dicho, empezar a curricularizar la extensión. Ello significa, como ustedes lo saben, apuntar de manera vocacional y no impositiva a que todos los estudiantes que así lo quieran tengan como parte de su formación habitual, la ocasión de realizar tareas de extensión. No se trata de hacer un curso de extensión como una materia lectiva separada de todo lo demás, se trata de que en todas las carreras y en todas las ofertas curriculares haya oportunidades de hacer extensión. Nos
parece que esto tiene un triple valor: por un lado, es la mejor formación técnica incluso de nuestros estudiantes: la diferencia entre un estudiante que ha hecho tareas de extensión y quien no la ha
hecho en materia de conocimiento de la sociedad, de la realidad es muy grande. Cada vez que vamos a un lugar y vemos el resultado de tareas de extensión, salimos con la misma sensación:
probablemente les sirva a nuestros interlocutores sociales pero sin duda nos sirvió a nosotros, porque lo que nuestros estudiantes aprendieron no lo hubieran podido aprender dentro de las paredes de sus facultades.
Formación del sentido de conocimiento de la realidad, formación en el sentido ético: aunque hemos progresado, la enorme mayoría de nuestros estudiantes no proviene de los sectores más
postergados de la sociedad, por supuesto. Entonces el contacto directo con las situaciones, los problemas, las demandas, los reclamos de los sectores más postergados, eso es formación ética.
Y, en definitiva, si eso no es democratizar el conocimiento, ¿qué es democratizar el conocimiento? Juntar actores universitarios y no universitarios en forma horizontal intercambiando saberes y dialogando desde sus diversos saberes para aprender entre todos y
resolver problemas con prioridad a los más postergados, bueno, eso es una gran apuesta. La Universidad de la república tiene unos 80 mil estudiantes. En el 2010 realizaron tareas registradas, curricularizadas, unos 9 mil estudiantes que pasaron a ser unos 11 mil en el año pasado. En nuestra universidad se están graduando unos 5 mil estudiantes por año. Calculamos que, si nos da la energía y el país responde al proyecto de Reforma Universitaria, al año 2020
podremos estar graduando unos 8 mil estudiantes. Si esos 8 mil estudiantes fueran cuatro o cinco o seis mil con experiencia de extensión, eso sería una cosa concreta, de compromiso social y de democratización del conocimiento.
Lo que necesitamos es un estado articulador de los esfuerzos de la sociedad civil, de los distintos actores, de los distintos colectivos. Para ello, necesitamos que el Estado sea capaz, a través de
las fuerzas progresistas que inciden en él, de levantar un proyecto de país. Si tenemos como gran realidad la emergencia de una sociedad capitalista de conocimiento, si tenemos como gran tarea
la democratización del conocimiento, entonces tenemos que pensar que nuestros países sean países de aprendizajes solidarios, donde todos nos ayudemos a seguir aprendiendo todo el
tiempo. La política, para que valga la pena militar… Yo los miraba a ustedes cuando llegué a acá y me acordaba cuando era docente en la Universidad de Buenos Aires hace 38 años… Hay etapas
de la vida militante que uno lo siente como un peaje y hay etapas de la vida militante que uno lo siente como una forma de la felicidad, ¿verdad?, que uno lo siente como una de esas cosas que
valen la pena. Pues bien, la política tiene que ser -sin ingenuidades, sin ignorar todo lo que hay de poder, de luchas por el poder, etc.-, por sobre todas las cosas, la política progresista tiene que ser
tal que nos haga sentir que vale la pena militar.
Compañeras, compañeros, necesitamos de ustedes una Segunda Reforma Universitaria que sea proyecto de jóvenes solidarios en el siglo XXI. Para que valga la pena aprender y para que valga la
pena militar.